...mientras el mundo corría distraido una bandada de pajaros estelares en el apogeo de la tarde azul, nosotros estábamos emocionados con una ola general de estupidez crónica, escuchando a no se que imbécil en la radio, mirándonos los ojos cerrados a causa de la brisa Napoleónica (colonizadora) que conquistaba el infinito de mi patio.
No era necesario decir palabra que aullentara las amarguras del día, pues estas se irían solas como vinieron, por el mismo lugar y canal, estúpidas.
Y no importaba donde brille el sol, sin las palabras nos sanarían las heridas y estaría todo bien.
Y ya no importaba lo sola que nuestra alma este, todo estaría bien.
Inundados de misterio.
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