Sonrieron (pero no hablaron).
Salpicando el aire de color rojo, iluminaron el cielo y este llovio flores.
Instantes repentinos para volteretas cosmicas.
Y lo llamaron a comer (otra vez polenta) para volver al mundo real, al mundo ficticio que lo vio nacer, porque el bien sabia que pertenecia a ella. A su calido abrazo y sus finos labios.
Como alguna vez soño, se entrego, como dice la cancion, de cuerpo y alma.
Y con solo una sonrisa y una calida mirada se prendio de nuevo, la esperanza.
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