8 abr. 2017

No conocer los limites propios hace creer que volar sea tan fácil como prender una vela. 
No tenemos limites para el pensamiento humano. Cuando se deja correr, corre como agua por abajo de un puente, como cayendo por un deshielo, como un meteorito chocando con la tierra.
Y la falta de limites da salto al desorden, en este caso mental, que las personas viven y perjudica como una gran explosión a todos los que están cerca. Les explota la mente.
Eso me pasa a mí todos los fines de semana.
Me cuesta entender como tengo todavía amigos, pareja, perro, gato, padres, suegros, vecinos. Están todos consumidos por mi propio caos.
A simple vista, la respuesta es muy fácil: tenés que cambiar
Y para cambiar y encontrar otro punto de enfoque y soltarme de mi mismo, peleo contra mi ser en una batalla eterno que me consume tanto que ya no tengo fuerzas para realmente enfocarme en las cosas que necesito imperiosamente cambiar.
Como este texto.
Está tan pensado por la fuerza de la necesidad de expresarme por cualquier medio el calvario mental que llevo a todos lados.
Cada día parece el último día en la faz de la tierra y la necesidad de volver a nacer es imperiosa, es tan grande como la necesidad de poner un punto.
Y así es como, señoras y señores, necesito un límite

Pero los límites los pone uno.
¿Qué limites seran hoy los que necesito ponerme para que mi pareja se quede esta noche a cenar conmigo?
Tratar de encontrar limites en este momento es tan nefasto como escribir algo coherente sobre esto en este momento.

Ya no hablo, ya no me río, ya no opino, ya no siento, ya me volví de piedra. Pero solamente dura hasta que me preguntan cualquier cosa. Tengo la necesidad de volver a ser quien antes era. Maduro, recto, sincero, pacifico, simple.

Ya me siento seco de tanta lluvia.

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